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Cuándo contratar a un redactor o redactora

Ya os dije que invertir en un redactor freelance es una decisión importante. Pero en ocasiones es necesario, ya que a las empresas les surgen necesidades que su plantilla no sabe o no debería solventar.

contratar a un redactor
Foto de Helloquence.

Contratar a un redactor es bueno cuando:

  • Nadie más sabe poner en palabras el mensaje de la marca.
  • Los contenidos actuales no están dando los resultados esperados.
  • No hay tiempo para ponerse a redactar.

Estos tres motivos acostumbran a alternarse. Incluso hay negocios que los sufren a la vez. Por si acaso, los desgranaremos uno por uno, así podrás diagnosticar tu caso con mayor eficacia.

Nadie sabe redactar

Puede ocurrir. Incluso diría que ocurre demasiado.

En algunos sectores alejados de las letras, es lo más normal. Los empleados son fantásticos en tareas indispensables para el negocio mientras que en otras ya no se gestionan tan bien.

La opción económica a contratar a un redactor es forzarlos a que mejoren sus dotes redactoras. El problema es que esta estrategia acostumbra a fallar, ya que genera textos con errores, hechos con prisa, desganados y, lo más importante, alejados del objetivo principal de la marca.

¿Se puede salir adelante con estos textos? Sí, claro. Aunque quizá se estés pagando precios terribles en cuanto a visibilidad y posicionamiento de marca.

Contenidos que decepcionan

Otro caso nace de los contenidos que han perdido su eficacia.

En esta categoría están los pasados de moda, los mal construidos y los pésimamente conceptualizados.

Los primeros son fáciles de identificar. Todo contenido que funcionara hace cinco, diez o más años, corre el riesgo de que haya perdido vigencia. La mejor solución es cargárselos y empezar de cero o retocarlos hasta que tengan mejor cara.

Los segundos, directamente, están pobremente ejecutados. Entran en la categoría anterior. Por algún motivo, se hicieron mal. Vale la pena echarles un nuevo vistazo o eliminarlos de un plumazo.

Los terceros, por su parte, aun pareciendo correctos, se dan de tortas con la marca. Aquí entran los eslóganes asignados a productos que no los necesitan; las descripciones de producto genéricas (y que no valen para todos los productos); o los servicios orientados a un público que, estadísticamente, no es el suyo.

Sin tiempo para redactar

Quizá el problema más habitual de las mayoría de empresas. Están por otros temas, solo les falta sentarse a escribir sobre las excelencias de unos productos que ya de por sí se venden solos.

En estos casos, os recuerdo que las vacas gordas no duran para siempre. Vale la pena cuidar tanto los productos estrella como darles la oportunidad a lo que no lo son.

Otras veces, se es consciente de que tales contenidos mejorarían las ventas de la marca. El drama viene de la falta de tiempo. Los empleados están metidos en logísticas tan asfixiantes que, de introducir una tarea más, media plantilla caería de baja.

De ahí que contratar a un redactor no sea tan mala idea. Nosotros, al menos, disponemos de servicios ajustados a los presupuestos de cada cliente. Está claro que, a más inversión, mejores resultados, aunque tampoco tiene que ser así. Realizamos análisis previos de cada caso y, a partir de ahí, definimos las medidas a tomar. Quizá necesites menos de lo que crees.


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